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Proyecto Brioschi


 Entrevista a Marta Brioschi, propietaria. 


Técnicas artesanales de diversas regiones de Colombia fueron el complemento al diseño contemporáneo que envuelve cada una de las piezas de mobiliario fabricadas en este proyecto, el cual busca enaltecer lo artesanal e identitario de nuestro país. 


Un trabajo que responde a destacar el oficio de artesanos y a responder a las necesidades básicas del inmueble, en el que el diseño local toma relevancia, gracias a los Brioschi, una familia colombo italiana que nos llevó a concebir muebles autóctonos bajo un diálogo creativo conjunto.


¿Por qué escoger a L’Atelier para amoblar su casa?

Preferimos manufactura artesanal autóctona que llevase consigo un diseño distintivo y reconocible de la idiosincrasia colombiana en vez de importar conceptos, materiales o diseños del extranjero. Del mismo modo, queríamos evitar la predominancia de una región en particular y cualquier estereotipo del país. Fue muy difícil encontrar al proveedor adecuado, después de una larga búsqueda en Internet, decidimos que la visión de L’Atelier correspondía perfectamente a nuestras necesidades.

 

 

¿Qué requerimientos presentaban ustedes como clientes?

Nuestro apartamento cuenta con dos plantas y su punto central es el salón comedor, con el cual las personas se encuentran de manera directa al ingresar por la puerta principal. En nuestros deseos estaba crear una aura fil-rouge para el hogar. Para lograr lo anterior, precisamos en el briefing comunicar las sensaciones de “acogida” y “familia” que, desde nuestro punto de vista, son el eje de la cultura colombiana de la cual nos enamoramos perdidamente hace más de diez años.  Confiamos en L’Atelier para el diseño y estudio del mobiliario en función de cómo sería la percepción diurna del apartamento (sala comedor, cocina, estudio y dormitorio principal).

 

¿Qué fue lo más llamativo de nuestro trabajo con artesanos locales?

El trabajo con los artesanos locales fue el factor que nos convenció de recurrir a L’Atelier para el diseño y ejecución del moblaje. Aparte de lo anterior, resaltamos la modernidad y, en cierta medida, la internacionalidad con la que expresan la vitalidad y energía colombiana a través de líneas y colores limpios sin perder la armonía del espacio (a pesar de romper algunas reglas frente a los ojos de un europeo). Si se me permite una comparación, que espero no suene a blasfemia, las propuestas de L’Atelier me recuerdan a la combinación de cumbia y jazz. Y eso sí, nos gusta mucho.

 

 

¿Qué les pareció el proceso de ejecución del proyecto? ¿Qué opinión tienen respecto al proceso de cocreación para cada mueble?

El proceso de creación del proyecto mobiliario partió sobre la base de las necesidades prácticas del inmueble y de nuestra evaluación subjetiva de los colores que creíamos acordes al estilo deseado. Nos reunimos con David Rodríguez y Sergio Ayala en la sede de L'Atelier (Bogotá) en donde tuvimos una intensa lluvia de ideas. En ésta se reelaboró la paleta final de color, se hizo la elección del tipo de maderas y telas a usar. Por nuestra parte, se decidió replantear nuestras exigencias estéticas del menaje a favor de otorgar una mayor libertad creativa por parte los artesanos.

 

¿Qué tan eficaz considera que fue la comunicación entre ustedes y L’atelier? ¿Ha sido presencial o desde larga distancia?

En todo momento el diálogo entre ambas partes fue colaborativo, abierto a nuevos caminos y objetivamente crítico. Durante todo el proceso, y a pesar de la distancia parcial (viajamos a Italia), la comunicación entre nosotros nunca se interrumpió, ni se ha interrumpido, y hemos obtenido un resultado del que estamos plenamente satisfechos.

 

 

¿Qué fue lo que más les gustó de nuestro trabajo?

El punto fuerte de L’Atelier fue la capacidad de escuchar e interpretar sensaciones y sentimientos hacia ideas concretas, así como necesidades específicas en la organización de los espacios. También nos sorprendió la sensibilidad de los diseñadores que va más allá de la experiencia puramente local, revelando un sabor internacional sabiamente medido de una Colombia que se abre al mundo y revela sus tesoros escondidos, consciente de su singularidad. Conciencia que sólo puede surgir de una experiencia más amplia y de la comparación con otras culturas.

 

¿Cuál es su pieza favorita de toda la producción entregada? ¿Por qué?

Nuestra pieza favorita, si realmente tenemos que elegir una, se encuentra en la composición visual del mobiliario posicionado en la pared contraria a la entrada principal. Allí, se contemplan dos armarios altos, magistralmente decorados con dibujos de la exuberante naturaleza colombiana y algunos de sus animales más representativos. En medio éstos se encuentra un bife estampado con telas étnicas cargadas de un simbolismo histórico que potencia su diseño original. ¡Un verdadero esplendor y una excelente tarjeta de presentación para L’Atelier! Asimismo, representa nuestro más sincero homenaje a un país maravilloso.

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